viernes, 23 de marzo de 2012

REPORTAJE

Apartad, rivales

                                                                     Mitt Romney en un mitin. Fuente: El País

                                                                   Rick Santorum en un mitin. Fuente: El País


¿Qué pasa cuando una jabalina imparable se topa con una roca inamovible? Javalin (jabalina en castellano) y Petrus (del latín, roca) son los nombres en clave que han elegido para sí mismos los candidatos republicanos, Mitt Romney y Rick Santorum, para que hablen de ellos los Servicios Secretos norteamericanos. Petrus significa roca y Santorum contó a los periodistas que lo eligió porque era el nombre de su abuelo, aunque también hace referencia a las palabras que pronunció Jesús a Pedro: “Sobre esta piedra edificaré mi iglesia”. Esta relación no es casual. La religión impregna de forma inexorable cada acto de la política norteamericana. Santorum es un católico confeso y, todos los integrantes del Tea Party, que aglutina al sector más conservador del partido republicano, y a cuyos votantes intenta atraer Santorum, defienden que América es cristiana, y que han de recuperar la nación tal como la concibieron los padres fundadores. Esto incluye menos impuestos, un papel exiguo del Gobierno y lo que consideran derechos inalienables del hombre dados por Dios, entre ellos el “derecho consagrado” a portar armas recogido en la Segunda Enmienda de la Constitución.

La historia del nombre elegido por Mitt Romney es más banal. En los años sesenta, la compañía American Motors Corporations, de la que George Romney fue presidente, fabricaba unos coches llamados “jabalinas” y es conocida la afición del candidato por los automóviles, ya que se jacta de poder reconocer todos los modelos y su año de fabricación.

Las elecciones primarias del Partido Republicano en EEUU que arrancaron en septiembre han mostrado diferentes candidatos y con ellos, las disensiones que coexisten en el partido y la falta de unanimidad para encontrar un candidato que aúne el apoyo de las posturas más conservadoras y las más moderadas. Lejos quedan ya figuras como la de Ronald Reagan que ganó las elecciones presidenciales de 1980 no solo con un amplio apoyo de los delegados de los caucus de su partido, sino con elevadas cotas de popularidad incluso entre muchos reconocidos demócratas. Barack Obama en su libro “La audacia de la esperanza” cuenta que Reagan supo aprovechar el deseo de orden de los americanos y les hizo creer que podían elegir su destino si redescubrían “las virtudes tradicionales del trabajo duro, el patriotismo, la responsabilidad personal, el optimismo y la fe”. Como afirma el periodista Jordi Pérez Colomé: “Supo conectar con las distintas sensibilidades del partido y ser un gran líder”.

Reagan destilaba maneras de John Wayne y su política se basaba en aplicar el Father Knows Best (Padre sabe lo que conviene, en alusión a un espacio radiofónico y una serie de televisión de los años 50 y 60 que idealizaba la vida del norteamericano de clase media), una fórmula paternalista que apelaba al patriotismo y que tenía como máxima el neoliberalismo a ultranza y la intervención en política exterior para controlar la amenaza del comunismo.

El exgobernador de Massachussets, Mitt Romney, más moderado, y Rick Santorum, ultraconservador, así como el liberal contrario a las políticas expansionistas de EEUU, Ron Paul, y el ex Presidente de la Cámara de Representantes, Newt Gingrich,  siguen en la carrera política porque ningún candidato cuenta con un número suficiente de delegados para ganar en la convención de Tampa de agosto. Pese a los enfrentamientos dialécticos y las ingentes cantidades de dinero gastado en el dilatado proceso de las primarias, hacen frente común en una cosa: “Anyone But Obama”, cualquiera mejor que Obama. Y en este aspecto los candidatos de la terna o los ya retirados, Rick Perry y Jon Huntsman, comparten sus críticas a lo que consideran un paso atrás en las libertades individuales y excesivas concesiones al Estado. Romney, en unas declaraciones en Illinois, afirmó que: "La economía estadounidense está impulsada por la libertad…Pero, en los últimos tres años, esta administración ha estado involucrada en un asalto a nuestra libertad”.

Obama en los dos primeros años de su mandato intentó recuperar lo que él denominó “la era dorada de Washington”, la época posterior a la Segunda Guerra Mundial, donde existía una gran cordialidad entre los políticos que perdura hasta hoy entre los senadores más ancianos. Con el torrente de descalificaciones y las críticas vertidas por los republicanos al “Obamacare”, la reforma en el sistema de salud, sus acciones en política exterior o su gestión de la crisis, parece que esta etapa conciliadora ha llegado a su fin. Los republicanos no han cejado en su empeño de hacer más complejos los sistemas de inscripción al padrón del voto en aquellos estados donde se prevé una victoria demócrata. Desireé Satué, española residente en Texas, explica que no tienen primarias en su estado porque los republicanos “han modificado las demarcaciones territoriales para disminuir la posibilidad de que ganen los demócratas y no habrá elecciones hasta que las Cortes determinen si es legal la nueva demarcación”. Los republicanos ostentan el poder en Texas, pero tras su propuesta antiinmigración, cabe esperar un viraje político en un estado con un alto porcentaje de latinos o de descendencia latina. Pérez Colomé cuenta en su blog Obamaworld que en algunos estados los republicanos han exigido que las papeletas estén escritas solo en tinta negra, que se formalicen 24 horas después de haberlas rellenado… condiciones para dificultar el voto demócrata, pese a que esgrimen que desean evitar el fraude electoral.

Romney se postula cada vez más como el candidato republicano que le hará frente a Obama en el camino a la Casa Blanca. En Illinois ha logrado cuarenta de los sesenta y nueve delegados en disputa, gracias en parte a que Santorum no pudo inscribirse en todos los distritos electorales por no cumplir con los requisitos exigidos, y tras su triunfo en Puerto Rico tras apoyar la adhesión de este país caribeño a Estados Unidos, ha logrado algo más de los 500 delegados de los 1.144 que le hacen falta para asegurase la elección en Florida. Sin embargo se dice de él que “es un robot programado por los chicos de Silicon Valley” o que “está hecho de plástico” ante su torpe y rígida desenvoltura en los mítines o con los votantes.

Logró vencer en siete de los doce estados que votaban en el Super Tuesday (Supermartes), aunque cosechó derrotas en Georgia, única victoria de Gringich, Oklahoma y Tennessee y un casi empate en Ohio, lugar de gran relevancia para calibrar cómo serán los resultados en las elecciones presidenciales al contener una muestra demográfica y sociológica casi representativa de la sociedad americana. Sin embargo, las victorias de Santorum una semana más tarde en Alabama y Mississippi, eclipsaron el triunfo de Romney en Hawai y Samoa Americana. Pese a que Santorum sigue siendo favorito en las áreas rurales, Mitt Romney adquiere ventaja en las áreas urbanas y suburbanas y su argumento de que es preciso no dilatar más la elección porque esto fortalece a Obama puede calar en los republicanos más moderados y en aquellos conservadores que desean una pronta designación del candidato.

Pedro Paredes, inversor de Wall Street, explica que “Europa se ve como un lugar de turismo plagado de socialistas con un sistema que EEUU no debe copiar” y Obama es acusado de actuar como un político europeo, por lo que los republicanos desean un candidato sólido que pueda ganar las elecciones.
Ante los próximos comicios en Maryland, Wisconsin y el distrito de Columbia, cabe esperar victorias de Santorum en los dos primeros, mientras que en los estados de Connecticut, Delaware, Nueva York, Pensilvania y Rhode Island es muy probable el triunfo de Romney.

Si la jabalina-Romney podrá llegar más lejos y más rápido y atravesar el muro de piedra-Santorum es una incógnita que se desvelará en las próximas semanas. Solo uno pasará a los anales de la historia del partido republicano y, con mayor dificultad, podrá seguir la estela de presidentes conservadores norteamericanos, con permiso de Obama. 

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